Desde que fui autor en la SGAE reconozco que con el formato anterior de varias décadas atrás, tenía sentido el reparto equitativo de tus obras declaradas para la explotación sonora, en aquellos tiempos pues en Disco de Vinilo, Cassette o CD Rom. Ya sabemos que estos formatos pasaron a la historia con la llegada de internet y la adaptación a los nuevos tiempos.
Hoy las Bandas tienen poco o casi nada en el negocio de las grabaciones, hoy está el internet que es mas difícil controlar y hacer caja por la SGAE entre otros/as entidades. La exclusiva del estreno de cualquier marcha siempre la ha tenido la Banda, ya sea porque el compositor esté vinculado a la banda o simplemente su música ha trascendido en el mundillo de la música cofrade o de cristo. Normalmente cuando es un encargo el compositor acuerda su gratificación, que puede ser tanto por estatus o económica. En ambos casos ya se reconoce la dignificación del compositor por la difusión de la misma, por su valía, por calidad, currículum, interpretación, acogida receptora del respetable (público), intensidad de emoción espiritual, respeto de la banda o los músicos, del público, hermandades, incluso el colectivo de prensa cofrade que en estos sentidos hace una difusión clara de todo esto para bien o para mal.
Prefiero donar mi música, a quien la recibe en su alma; de esta manera dejo a un lado los intereses materialistas de tantas organizaciones y recibir la inmensa gratificación espiritual de quien la ama de verdad, que son los que la llevan consigo sonando en un silbido o tarareándola por cualquier esquina. Si a la dignificación no a los obstáculos creativos.




